(Esta crítica contiene spoiler)

Con 100 millones de dólares de presupuesto, a los que hay que añadir gastos de publicidad y promoción, estaba claro que Dunkerque se iba a convertir en uno de los fenómenos cinematográficos del año. No sólo por su abultado presupuesto, si no por la reputación artística de su director, Christopher Nolan, uno de los directores más prestigiosos de la actualidad cinematográfica.

El último film del realizador de El caballero oscuro ha sido un éxito de público relativo hasta ahora pues según datos en imdb.com ha amasado algo más de 520 millones de la verde moneda en el mercado mundial. Con toda probabilidad estas cifras aumenten en los próximos meses cuando el film sea nominado a mansalva para la próxima ceremonia de los Oscar (aún hay gente a quien le interesan estos premios, y que los utilizan como parámetros infalibles a la hora de elegir los productos cinematográficos que consumen).

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Dunkerque cuenta con la “novedad” de haber sido filmada usando una mezcla de cámaras IMAX 65/70 mm. y ha sido la película en 70 mm. que más copias ha exhibido en salas comerciales desde que en un ya lejano 1992 el maravilloso director Ron Howard (perdón el sarcasmo) estrenara su inolvidable obra (de nuevo, perdón por el sarcasmo) Un horizonte muy lejano (Far and Away).

El sonido del film ha sido uno de los elementos más trabajados de este film, como habitualmente ocurre con los apartados técnicos de todas las películas de Nolan. Es especialmente importante la orquestación musical de Hans Zimmer, ya convertido en habitual colaborador de Nolan. El director inglés y su equipo de colaboradores han usado una escala de Shepard para unificar las tres historias paralelas (que no lineales) que se cuentan durante el film, así como los diferentes filtros de colores usados para cada una de las tres partes, algo que ya hizo Steven Soderbergh en Traffic. 

LOS VALIENTES DE DUNKERQUE

Tras constatar que la gran mayoría de combatientes en la Dunkerque real fueron muchachos de apenas una veintena de años, Nolan decidió contratar a actores jóvenes y relativamente desconocidos para los principales papeles, que son reforzados por presencias más conocidas y veteranas. Entre el primer grupo de actores destacan Fionn Whitehead como Tommy, el joven soldado con el que iniciamos el film;  el francés Aneurin Barnard como Gibson, el francés que intentará salvarse de la quema haciéndose pasar por soldado inglés; Tom Glynn-Carney interpreta a Peter, el hijo del señor Dawson, interpretado éste por el actualmente de moda Mark Rylance (El puente de los espías); y Barry Keoghan como George, el acompañante de los Dawson en el barco fletado para rescatar al máximo posible de supervivientes en Dunkerque, que acabará muriendo en el trayecto tras golpearse la cabeza. 

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Entre los actores más conocidos de Dunkerque caben destacar además del ya citado Rylance a Cillian Murphy (Batman Begins) como el traumatizado soldado que los Dawson rescatan en el mar; el shakesperiano Kenneth Branagh como el comandante Bolton; y Tom Hardy como el piloto de los aviones Spitfires Farrier.

Todos ellos filmaron Dunkerque en localizaciones de la costa atlántica francesa (incluida la Dunkerque real) y de la costa holandesa, siendo la mayor parte de la misma en la población de Urk.

¡VIVEN!

Mientras se acercaba el final de Dunkerque no pude evitar pensar en que si la película hubiera sido  dirigida en lugar de por Christopher Nolan por Paquito el Chocolatero, la crítica no hubiera sido tan exageradamente benigna con ella. Dunkerque inicia prometedoramente, con esa secuencia inicial en la que cinco soldados ingleses tratan de huir del fuego enemigo por las calles de Dunkerque. La escena, filmada cámara en mano y aspecto semidocumental está perfectamente planificada y ejecutada, anticipando uno de los elementos más sorprendentes de la producción: la ausencia del enemigo en todo momento. Los alemanes son espectros invisibles, amenaza intangible que sólo se muestran en aviones y en lluvias de metralla y artillería. Lástima que este elemento de puesta en escena no tenga ningún peso específico en los conflictos intrapersonales e interpersonales de los personajes. Y es que éstos, en ningún momento se muestran afectados de ninguna forma por este planteamiento de ausencia visual del enemigo.

Este es uno de los problemas del film, que a pesar de estar empaquetado en un lujoso estilo visual, no sabe adonde se dirige como producto. Funciona muy bien en diferentes partes, pero se agrieta si lo analizamos en su totalidad.

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Uno de los puntos que más confusión me ha creado el film es cuando me pregunto por qué las historias no están contadas de manera lineal, si no que dan saltos en el tiempo la una de la otra. La única explicación que se me ocurre es el gusto de su director por la discontinuidad temporal que ya había mostrado en anteriores trabajos como Memento Origen, pero que al igual que el elemento de invisibilidad del enemigo, no tiene un peso concreto en lo que les sucede a los personajes ni va conectado de ninguna manera con el tema de la película.

Ni siquiera los actores muestran en exceso que estén sufriendo. Nolan declaraba a la prensa que no había querido mostrar la angustia de Salvar al soldado Ryan (Saving private Ryan, 1998, Steven Spielberg), y lo ha conseguido; no se si eso es positivo o no. Me llama especialmente la atención el rol de Kenneth Branagh, que aparte de soltar frases más o menos intencionadas para tocar la fibra sensible del espectador británico, no hace nada más en la película que estar en un muelle (!!). Fíjense bien.

Decía Nolan que antes de comenzar la filmación del film había revisionado films de cine mudo como Amanecer (Sunrise: A song of two humans, 1927, F.W Murnau) o Avaricia (Greed, 1924, Erich Von Stroheim), ya que Nolan deseaba basar el film en la imagen más que en los diálogos, y retornar a ese cine puro que llegaba a las emociones del espectador a través de lo visual. Que lo haya conseguido o no queda a la voluntad del espectador. Quien esto escribe no se ha emocionado para nada, básicamente por lo que escribía al inicio. A falta de conflictos intrapersonales en los personajes del film, poca empatía me pueden ofrecer como espectador. Lo único que ofrece el film es una historia de gente sobreviviendo, sin trasfondo. Habrá espectadores que como el ciego del final del film, piensen que eso ya es suficiente. Como analista cinematográfico, para mí, no lo es. ¿Quiere esto decir que Dunkerque es una mala película? No, ni mucho menos. Lo que quiere decir es que si éste film va a ganar todos los premios habidos y por haber y que es el film que tiene que salvar un año 2017 paupérrimo a nivel artístico en la cinematografía mundial, vamos rematadamente mal. Peor de lo que imaginaba. Ya lo dijo David Lynch hace poco: “A día de hoy el cine de autor, se hace en la televisión por cable”. ¡Cuánta razón le asiste, maestro!

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