Eskerrik asko a Idoia Bilbao por su ayuda en éste artículo.

Estamos en el autobús de vuelta a casa. Ha sido otra jornada en el Instituto de Aixerrota. Debe ser inicios de 1999. Camino de Berango, sentados los de siempre: las generaciones berangotarras de 1983,1984, 1985 y 1986 que estudiábamos en euskera. Junto a mí, mis amigos Ekaitz Gutiérrez y Urko Hernández. Delante nuestro, Cristina Pompa Bilbao. Popular siempre porque era la más guapa, la más simpática. Ese día se ha dado un inocente beso con un chico durante el recreo en el Instituto y eso ha escandalizado a Urko que, ahora enfadado por ello en el autobús le recrimina lo que ha hecho sin decirle qué ha hecho exactamente. Ekaitz y yo nos reímos.

«Urkoooo… pero ¿qué he hecho?» le pregunta Cris riendo. Esa tarde ambos se verán de nuevo en el entrenamiento de atletismo. «Tú sabrás lo que has hecho» le dice Urko. «He hecho muchas cosas». Urko nos mira a Ekaitz y a mí. Ya sabemos lo que viene. Estamos en plena adolescencia, cualquier cosa, cualquier comentario, cualquier pensamiento van a ir relacionados al sexo. «Jooooooooderrrrr» nos suelta Urko. Ekaitz y yo nos morimos de la risa, pillamos pronto el chiste con connotaciones sexuales del comentario de Urko. Cris sonríe…

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NO ERAN COSAS DE ADULTOS

… Estoy jugando a fútbol. Unos tiros de falta con dos árboles haciendo las funciones de postes. Es julio de 2001. Plena mañana de verano y mis padres se preparan para un nuevo día de trabajo en la cervecera de Alkatene que regentan en ese momento en nuestro pueblo. Todo el verano por delante; todo aprobado; toca disfrutar. 

Pero el destino tiene otros planes. Mi madre me llama a la cocina de la cervecera y allí, sin más, me pregunta si sé algo sobre Cristina Pompa. No sé nada, ¿ha pasado algo? Me da la noticia. Le han detectado la enfermedad y el pronóstico no es bueno. Me retiro en silencio y trato de volver a jugar. Comienzo a pensar. No puede ser. Eso son cosas que les pasan a los adultos, ¿no? Se debe arreglar y solucionar de alguna forma.

Ese es el primer día de una nueva vida. De sopetón, no pasará un sólo día de los siguientes seis meses en los que pueda dejar de pensar en Cristina. Si el final de la infancia es el final de la inocencia, aquel día de julio se llevó por delante otras etapas de nuestras vidas en un abrir y cerrar de ojos. Lo que uno tarda en chutar un balón y entrar en una cocina.

Pocos días después son las fiestas de Santa Ana de Berango. Los que bailamos en el Grupo Simon Otxandategi con ella, tenemos actuación. Cuando bajo de la furgoneta del grupo, me la encuentro de frente por primera vez desde que he conocido la noticia. Rígido, no sé cómo reaccionar o qué debo decir. Simplemente le saludo con un «Aupa». Cris sonríe…

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 LA CAZA DE BRUJAS

…Debe ser principios de 1996. Arantza (Nafarroa). Las generaciones que estudiamos en euskera en ikastola de Berango nacidos en 1984 y 1985 estamos en ese recóndito lugar de Nafarroa, no muy lejos del valle del Baztan, pasando una semana junto a una clase de coetáneos de Atarrabia. Mientras muchos aprovechan los despistes de las andereños para darse el lote con l@s nuev@s amig@s navarr@s, un pequeño grupo de los de Berango preparamos una pequeña escapada en uno de los momentos libres que tenemos. Entre ellos, yo, Urko, Mikel, Ekaitz, Aratz… y entre algunos otros, Cristina. Tenemos una misión: encontrar a las brujas.

Una de las monitoras del campamento nos ha dicho que al lado de la iglesia de Arantza hay un sendero que se llama Sorginen Bidea (El camino de las brujas). Se dice que al final del sendero hay una cueva donde habitan unas brujas. Estamos relativamente cerca de Zugarramurdi, y el entorno es terreno idóneo para las leyendas.

Fascinados por la historia, el pequeño grupo iniciamos la caminata. Todos vamos teorizando en voz alta lo que hacer cuando encontremos a las brujas: venimos en son de paz; no nos matéis; queríamos veros; echamos a correr… cada uno suelta la suya en función de su carácter. En lo que todos coincidimos es en la imagen que nos vamos a encontrar: estarán haciendo alguna pócima en una gran olla, irán vestidas de negro y subidas a una escoba voladora. Y serán más feas que un mono comiendo limón. 

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El sendero se pierde en mitad de la nada. Hemos andado kilómetros bajo la humedad y un poco de niebla para encontrarnos en mitad de una campa, rodeados de hierba alta. No hay cueva, ni brujas, ni escobas. Lo que es peor: vamos a tener que caminar de vuelta. Hechos una furia, no se nos pasa por la cabeza el tema de que las leyendas, leyendas son o que, simplemente, nos han tomado el pelo. Sólo pensamos que nos hemos debido equivocar de sendero. Mañana lo intentamos otra vez, después de pedirle ésta noche a la monitora que repita dónde está el camino.

Los de la generación del 84, sólo un año más grandes pero un año es una eternidad en esas edades, ya saben más que nosotros y que seguramente no veremos a las brujas en éste viaje. Nosotros, enfadados, nos negamos a creer. Cris sonríe…

            EL TEATRO DE LOS SUEÑOS                                         

… Diciembre de 1999. Llevo dos meses ensayando con los mayores del Grupo Simon Otxandategi. Es la noche de mi debut en una actuación con los mayores. El templo escogido es el antiguo Getxo Antzokia de la Plaza San Nikolas de Algorta. No está mal. Llevo los nervios bastante mal. Estoy sentado en el Teatro esperando que los sonidistas y los encargados de la luz preparen el escenario. Estoy con mi mejor amigo dentro del Grupo en ése momento, Alain Gómez Galín. Alain es un año mayor que yo y ya habíamos sido compañeros jugando al fútbol en el Karabigane.

Con nosotros pasan la tarde sentadas en las butacas del Getxo Antzoki Alazne y Cristina. Estoy rodeado de la generación del 84. Soy el benjamín del grupo y evidentemente me rodeo de los que están más cerca por edad. El tono de ellos tres contrasta con el mío. Ellos distendidos, yo hecho un manojo de nervios por la actuación. Alain las hace reir constantemente con sus bromas, tratando de ligar con alguna de ellas. En un momento, me pregunta con quien de las dos me quedo. Mira, majo, la cabeza no la tengo para demasiados bombos, le digo. Me preocupa que cuando vaya a bailar esa noche el Erreberentzia, se me caigan las espadas al hacer el giro. ¿Es que no se da cuenta éste tío del ridículo que voy a hacer delante de todo el mundo?

Les digo directamente que estoy acojonado. Es el primer baile. Cris sonríe…

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AZKEN DANTZA HAU

… Día de Santo Domingo de 2001. Tenemos actuación por las fiestas patronales de nuestro pueblo en la plaza de la Iglesia. A diferencia de las fiestas de Santa Ana donde Cris no bailó, ésta vez sí que baila. Vestidos de Valcarlos, los elegidos para bailar ese baile salimos. Mientras bailo con mi pareja asignada ese día no puedo apartar mis ojos de Cristina. Pienso que es una buena señal que esté bailando. La señal de que todo va a volver a la normalidad pronto y que todo será un mal recuerdo. 

Es meses después que alguien me dice que ella ya sabía que el día de Santo Domingo iba a ser el día para despedirse del grupo. Esa fue también la última vez que la vi. Muchas actuaciones hubo antes de aquella y muchas actuaciones vinieron después. Pero difíciles de recordar como aquella de Santo Domingo de 2001. Fue como la primera actuación. Sólo que fue el último baile. Pero en aquel momento, al ritmo de la música, Cris sonríe…

 

AL ANDALUS

Mayo de 2018. Mi esposa siciliana está cumpliendo un sueño. Licenciada en Lenguas Modernas, ha sido siempre una enamorada de la Historia de España y de su época medieval. Desde siempre, su mente le ha llevado a idealizar a la antigua Al Andalus y finalmente está junto a mí haciendo un tour de lo que hoy es llamado Andalucía. Uno de los días, ése tour nos lleva de Málaga a Sevilla. 

En el trayecto, pasamos por Utrera. Ahí me llegaron de nuevo. Los recuerdos. Lazos paternos unían a Cristina con Utrera. Camino a Sevilla y en silencio, tocó rememorar. Pensar en ella una vez más. Quizá no me acuerde de ella todos los días, ni cada cinco días. A veces ni tan siquiera cada diez. Pero casi con total certeza puedo asegurar que no pasa un mes sin que no venga su recuerdo. Mi mujer, misma edad que Cristina, ya sabía su historia. Pero aquel día le conté de los lazos familiares que Cris tenía allí. Mientras Utrera quedaba atrás, me acordaba de una foto de Cristina que su tía Idoia había publicado vestida de sevillana. En esa foto, Cris sonríe…

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AGUR JAUNAK

   …Llegó el 21 de Diciembre de 2001. Debía ser un día de alegría. Se acercaba Navidad, era Santo Tomás y era el último día de clase antes de las vacaciones. Todo aprobado, habíamos intercambiado regalos con los compañeros de clase en el llamado «Olentzero sekretua». Con mi regalo, me fui caminando solo desde Aixerrota hasta mi casa en Berango. 

Cuando llegué ya estaban esperándome las malas noticias. Primero fue mi familia la que me informó. Cinco minutos después sonaba el teléfono. Eran del Grupo de dantza y querían saber si quería bailar al día siguiente en el funeral en el homenaje que le estaban preparando. Impulsivamente dije sí. Ojalá hubiera dicho no. 

Bailé como pude, sobreviví aquel día como pude. Supongo que como todos los que estuvimos allí. Todo acabó con los miembros del Grupo cantando el Agur Jaunak. Una canción del cancionero tradicional euskaldun que, por alguna extraña razón, no había escuchado nunca, y que nunca más he podido escuchar. Después de esa canción salimos del cementerio de Berango. Nunca más lo he vuelto a pisar. Aquel día nadie sonríe…

 

NON HAGO, ZER LARRETAN?

Hoy se cumplen 21 años, pero parece que fue ayer. La única percepción del paso del tiempo son las cosas que vamos haciendo, las etapas que vamos quemando. Pero muchas veces, ni tan siquiera nos damos cuenta de que lo vamos haciendo. Hasta que uno se para a pensar y a recordar. El pasado vuelve y con él, uno vuelve a vivir lo que ya vivió, por segunda vez. Algún lugar, algún momento, alguna fecha… cualquier cosa activa el archivo que es nuestra memoria.

Entre esas cosas, uno se encuentra con el recordatorio que prepararon de Cristina. Una foto suya, sonriente como siempre, con ese brillo en sus ojos. Y debajo, una inscripción: «Utzi pentsatzen berriz elkartuko garela» (Dejadme creer que volveremos a encontrarnos). Uno se da cuenta de que el tiempo pasa cuando se mira en el espejo y ve que tiene canas, verruguillas que empiezan a aparecer provocadas por los años… Mientras tanto, Cris, en esa foto, se niega a envejecer. Es como si hubiese viajado a Nunca Jamás y hubiese encontrado a Peter Pan. Como si hubiese quedado atrapada en ese tiempo de hacer locuras.

Mantiene ese brillo de adolescente. Ese brillo de quien besó e hizo enfadar a quien pensaba que esas cosas sólo las hacían los adultos en las películas; ese brillo de quien va a la búsqueda de personajes legendarios como son las brujas; el brillo de quien se viste de euskaldun o de sevillana para bailar porque la vida es baile; el brillo de quien corre para competir por puro amor al deporte… Creo que Cristina se fue demasiado pronto para darnos una lección: lo que tengan que hacer, en el tiempo que les sea dado, háganlo con una sonrisa. Eso creo yo. Cada uno trata de encontrar su sentido a lo que es la vida y a lo que pasa en ella. 

Utzi pentsatzen berriz elkartuko garela… Ya lo hacemos. Algunos cada día, otros cada cinco, otros quizá cada diez días, otros quizá una vez al mes, pero todos lo hacemos. A fin de cuentas, ¿cómo se puede olvidar a alguien así y algo así?… Uno mira allá arriba; mira esa foto; mira a cualquier rincón de Berango. Y sí. Cristina Pompa Bilbao sigue sonriendo. Cris sonríe…

 

Endika Brea Berasategi