Era 1993. Los felices inicios años 90 para quien esto escribe. Me encontraba en la hoy famosa Alsasua por sus malos tratos a las fuerzas del orden (perdón el sarcasmo), con mis progenitores, un año más celebrando el Nafarroa Oinez y apoyando a nuestra cultura y a nuestro idioma. Aunque ese tipo de reivindicaciones no las sentía de manera muy consciente entonces. Contaba con sólo 7 u 8 años, aún faltaba la experiencia de vida para desarrollar mi visión del mundo y mi ideología, si queremos llamarlo así.

Un grupo de personajes vestidos típicamente de mexicanos pasan al lado nuestro y mi madre no puede contener un grito: “¡Aiba! Esos son Los Huajolotes”. Era la primera vez que escuchaba ese nombre. Allí estaba yo, un niño, viendo pasar a ese grupo de locos con pistolas de plástico, sombreros mexicanos, guitarras, bajos, trompetas y acordeones al más puro estilo mariachi.

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Ese año se habían convertido en un auténtico fenómeno en Euskadi con su primer álbum (¡Agárrense que llegan los reyes del NaparMex!) y sus conciertos veraniegos en los pueblos. La gente ya remarcaba lo que más llamaba la atención del grupo: su irreverencia desenfadada, su ambiente festivo y sobre todo, su heterodoxo estilo musical, que ellos mismos bautizaron como el Napar-Mex.

¿Y qué es el Napar-Mex? Ni más ni menos la mezcla de las palabras “Naparra” o Nafarroa (Navarra) y “México”, esto es, música puramente ranchera pero cuyas letras retrataban los problemas sociales del País Vasco en aquella época.

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Para entender de dónde salió semejante idea debemos conocer a quien una vez fuera Eskroto en el grupo Tijuana in Blue y que pasaría a ser conocido como Gavilán en Kojon Prieto y los Huajolotes: Marco Antonio Sanz de Acedo. Cansado del punk, el músico navarro dejaría Tijuana in Blue una vez el grupo decidió separarse y se marcharía a Mexico, donde enamorado de la música nativa, tuvo la brillante idea de formar un grupo nuevo a su vuelta a Euskadi que mezclaría ese estilo musical con letras puramente provenientes del punk. La mezcla se llamaría Kojon Prieto y los Huajolotes. Gavilán fallecería en 2003, cuando después de un concierto-reencuentro de Tijuana in Blue, fue encontrado muerto. Las hipótesis de aquellos años apuntan a que se suicidó, aunque nunca se sabrá con certeza qué provocó que Gavilán levantara el vuelo antes de tiempo.

La barbaridad convertida en música

Esta barbaridad, singular mezcla de estilos punk, mariachi y folk vasco se convertiría en un fenómeno popular, que duraría tres años (1993-1995), período en el cual los Huajolotes sacarían a la venta un disco al año que se convirtieron en superventas en Euskal Herria: el ya mencionado seminal ¡Agárrense que llegan los reyes del Napar-Mex! (1993); Síganle compadres (1994); y Salud cabrones (1995). Además, en 1997, ya con el grupo disuelto, se sacó un disco recopilatorio con los mejores temas de la banda a la que se añadieron tres nuevos cantados en euskera total o parcialmente: Éntrale al euskera, buey; Huajolote oinez y Napartheid.

En mi casa siempre ha sido muy valorada la música mexicana. Jorge Negrete y, sobre todo, Vicente Fernández siempre han estado presentes en los casettes de mi hogar. Eso me ha llevado siempre a un amor hacia la cultura mexicana que aún persiste. No me cuesta reconocer que México, sin haberlo visitado jamás hasta ahora, es uno de los países que más me atraen, por su cultura, gastronomía, música y cine.

Kojon Prieto acercó Mexico a Euskal Herria. Aquella banda de zarrapatastrosos fumaos que vi pasar a mi lado en Altsasu en aquel Nafarroa Oinez de 1993, pronto se convertirían en mi gran referencia musical. Sus letras y su estilo único, con esa mezcla de divertimento sin ataduras y ningún freno a las denuncias sociales, perviven todavía siempre frescas en mi día a día. Uso constantemente sus letras como referente cultural en todo tipo de conversaciones.

La imposible barbaridad que Sanz de Acedo inventó, de mezclar música mariachi con letras típicas de denuncia social, se convertiría con el paso del tiempo en uno de mis grupos preferidos.

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AQUÍ EN EUSKAL HERRIA, JOLGORIO, HOSTIAS Y ANARQUÍA

Para analizar su legado como autores y como grupo vamos a ir recordando algunas de sus letras más famosas. Es obvio que Kojon Prieto y los Huajolotes eran unos defensores del movimiento anarquista más radical, nada sorprendente si tenemos en cuenta la procedencia de Gavilán desde el punk antisistema. Todos los diálogos, frases, y maldiciones que sus miembros sueltan durante los momentos instrumentales de sus canciones son igual de importantes y autorales como las propias letras de las canciones. Un elemento más de su singular idiosincrasia.

En la canción El Mariatxi incluída en su segundo disco, la banda ya avisaba de sus intenciones como grupo y para qué se había gestado:

Y nos dió por montar un mariatxi

pa ganarnos el chusco de pan

y de paso pues ya aprovechamos

pa joderle a usted, General.

El Mariatxi

Un grupo de músicos sin complejos y con ganas de diversión que mediante sus letras iban a molestar a todos los segmentos de la sociedad, en especial, a las Fuerzas de Seguridad del Estado, diana recurrente en su obra.

Y es que la Guardia Civil, la Policía Nacional y los militares iban a ir apareciendo en las canciones del grupo como elementos represivos, alienantes de la diversión y la parranda más desenfrenada, y como brazos ejecutores de sucios intereses estatales.

(…) La madera (policía) apareció:

¡Que soy un borracho, estruendoso y peleón!”

les dijeron, y una mano de hostias

allí mismo me dieron.

Malditos vecinos

La Policía Nacional tenía tapada la esquina

y allá en el “Barandiarán” estaba puesta la cita.

Ellos entraron al bar a machacarse un tequila.

Ya los maderos (policía) dispuestos a la puerta se asomaron.

Se volvieron a mirar, ¡los Huajolotes temblaron!

Los bigotes de la muerte

Eso, eso es lo que yo quiero ser:

hedonista, antimilitarista, golfo y antimoralista.

El Hedonista

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Quizá la más radical de entre las canciones antimilitaristas del grupo sea uno de sus grandes éxitos a nivel internacional, que conoció un remake en italiano, escrita e interpretada por Antonio de la Cuesta, conocido también como Toñín y más tarde como Tonino Carotone: Insumisión. Una auténtica delicia para los oídos, una llamada a la rebelión contra el sistema castrense. Toñín sabía muy bien lo que se contaba, él mismo había pasado por la cárcel por insumiso.

¡Di que no!¡Di que no!

Que la mili no me gusta, y que a mí nadie me asusta,

lo que yo quiero es vivir…

Tampoco algunos de los funcionarios del Estado se libraban de la ira de los Huajolotes, como los funcionarios de prisiones, a los que atacaron sin ataduras:

¡Carcelero, carcelero!

No eres persona decente.

Tu oficio es el más rastrero

y tu corazón no siente.

De la cárcel te crees el rey

porque te ampara la ley.

Tu cerebro está podrido

y tu vida ya la has perdido.

Carcelero

El desprecio de la banda era también para aquellos ciudadanos que colaboraban con las Fuerzas del Orden, a los que Gavilán y compañía calificaban como perros con cara de corderos…

Txibato, los días que te quedan son una cuenta atrás…

Txibato

Una de las características más reconocibles del movimiento anarquista además del antimilitarismo y el antipartidismo, es su visión de las Religiones como elementos opresivos autoimpuestos por el ser humano como mecanismos de control de las masas y como pútridos intentos moralizantes de una élite hipócrita a más no poder. En Estrecho caliente denunciaban el salto en patera de seres humanos de África por el estrecho de Gibraltar y las tensiones raciales que ello provocaba en las autoridades de los países implicados en el cruce de inmigrantes ilegales. El último verso de la canción era contundente en las guerras de religiones, en las que el gran perdedor eran los seres humanos que buscaban una vida mejor:

¿Qué hostias moros ni cristianos?

¡Religiosos del copón!

¡Que vayan todos a misa!

No me toques los cojones.

Nunca me dejó de sorprender el poco protagonismo de la clase política en las letras de denuncia del grupo. Sin embargo, en una de las canciones en euskera del grupo, Napartheid, la banda cantaba:

Ardo gorri naparra, kubatar rona ta mexikar tekilakin

badugu zarata.

Independentzi grina odolan eukita,

aurrera Napartheid, Che ta Zapata!

(Con el vino tinto navarro, el ron cubano y el tequila mexicano

tenemos suficiente jaleo.

Teniendo ansias de independencia corriendo por nuestra sangre,

¡viva el Napartheid, el Che y Zapata!)

No deja de resultar curioso (y malicioso), a pesar de que la letra de la canción fue compuesta por el bertsolari Xabier Silveira, que en la canción que sirve para crear lazos de unión en busca de su libertad entre los pueblos cubano, mexicano y vasco y de paso, el sudafricano con su movimiento antiracista más famoso, los cantos de viva sean para personajes y movimientos que no son ni Francisco Ignacio Madero, ni Fidel Castro ni Nelson Mandela y sí para los que eran o acabarían siendo desencantados del sistema… Ahí dejo eso.

Para terminar un recorrido por la obra de los Huajolotes, qué mejor que rememorar la guinda final de ataques contra todos los estamentos del Estado y el sistema imperante. El culmen de la demostración de que Kojon Prieto y los Huajolotes eran mucho más que una simple banda marchosa y festiva, y de que eran profundos activistas políticos, los cuales defendieron durante tres años el antimilitarismo y las ideas antiautoritarias mediante un estilo único, irrepetible e inolvidable. Esta guinda final es la expresión literal de su oposición al status quo, que para cerrar el círculo, está incluida en la canción con la que empezábamos a repasar su trayectoria, El Mariatxi, canción que sirvió como defensa de Toñín, mientras éste se encontraba enchironado por insumisión:

¡Qué guarrada de sistema!

Con estos majaderos no se hace cosa buena.

Huele mal y es un problema.

Con estos majaderos no se hace cosa buena.

Desde su desaparición como grupo no se ha vuelto a sentir una frescura igual en la música vasca. Y es que a pesar de la inmortalidad de su obra, ¡cuánto se echa de menos a los Huajolotes! Y lo que pagaría por volver a 1993 a Altsasu y ver a aquel grupo contrario a todo. ¡LARGA VIDA A LOS REYES DEL NAPAR-MEX!