En 1984, el ya reputado director de cine de terror Wes Craven, renovó completamente el subgénero slasher mediante una original revisión del mismo que llevaría por título Pesadilla en Elm Street (A nightmare on Elm Street). En ella, el actor Robert Englund encarnaría al asesino de niños y adolescentes Fred Krueger, el cual poseía una característica especial que lo diferenciaba del resto de psyco-killers hasta entonces vistos en la gran pantalla: atacaba a sus víctimas en sus sueños, mientras dormían, y los cuales nunca más volverían a despertarse con vida. Era un asesino que actuaba en el inconsciente de sus víctimas.

El original planteamiento supuso uno de los mayores éxitos de Craven, que con un ajustado presupuesto del orden de algo menos de 2 millones de dólares consiguió recaudar sólo en cines americanos la cantidad de 26 millones, a los que cabría añadir lo recaudado en el mercado internacional, en cuestión de alquileres domésticos, ventas de VHS y ventas del diverso material de merchandising que salió a los mercados tras el éxito del film. En el plano artístico, Craven convirtió a Fred Krueger (que con el tiempo, y a través de las secuelas pasaría a ser conocido como Freddy Krueger) en un ícono del cine de los 80 y del género slasher y se permitió el gusto de inventar en lo creativo toda suerte de trucos de tortura contra las indefensas víctimas teen del asesino del guante de cuchillas, habida cuenta que al transcurrir en sueños, todo era posible.

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Un año después, el día de Halloween de 1985, llegaba el estreno de su primera secuela, Pesadilla en Elm Street 2: la venganza de Freddy, que cambiaría todo el elenco artístico del original, a excepción hecha de Robert Englund, que decidió repetir como Krueger. La New Line Cinema, filial de Miramax, compraría los derechos de la historia a Wes Craven. Los desconocidos y jóvenes Mark Patton y Kim Myers serían los protagonistas que deben hacer frente a Krueger.

En un pase especial por el 32 aniversario del film, tuve la oportunidad de conocer tanto a Patton como a Myers, que estuvieron en Londres para celebrar el susodicho aniversario junto a fans de la saga. Mientras Patton se mostró tremendamente simpático y lenguaraz, se notaba que Myers se sentía terriblemente incómoda, debido posiblemente a su insospechada  timidez. Un apunte malicioso: a diferencia del actor de Gremlins, Zach Galligan y del director Alan Parker (El expreso de medianoche; Arde Mississippi), los dos actores de Pesadilla en Elm Street 2, mal asesorados seguramente por sus mánagers, no permitían sacarse fotos con los fans a menos que no fuera pagando, aunque uno pudiese acercarse libremente y platicar con ellos. Una situación terriblemente abominable, primero de todo porque considero absurdo pagar para hacerse una foto con alguien, y segundo porque ninguno de los dos es precisamente Tom Cruise, si queremos enaltecer la importancia y las jerarquías entre las personas, que no es mi caso.

Más allá de todo ello, la charla que dieron fue altamente estimulante, convirtiendo el film en más interesante de lo que realmente es, sobre todo cuando salió el tema sexual latente en el film.

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 JESSE, EL HOMOSEXUAL

Y esque como muy bien se encargó de recordar Patton, homosexual en la vida real, poco después del estreno del film, la crítica no escatimó recursos en hacer ver el contenido homosexual del que hace gala el film. El personaje interpretado por Patton, Jesse Walsh, es un adolescente no excesivamente sociable, que sufre el bullysmo en su escuela por parte de su maestro de gimnasia y que comienza a sufrir horribles pesadillas en las que se le aparece Freddy Krueger con intención de poseerle y hacer que sea Jesse el que cometa los asesinatos por él.

Es evidente que la interpretación metafórica del film nos lleva a deducir  la homosexualidad no declarada de nuestro protagonista, mediante diversos apuntes más o menos maliciosos: Jesse es incapaz de consumar el acto sexual con su novia Lisa (Myers); en lugar de consumar el acto con ella, se va a casa de su amigo Grady, para que le ayude a despertar si se queda dormido, mientras le dice: “mientras duermo, sólo… mírame”; la famosa (y esperpéntica) secuencia del baile que se marca Jesse mientras ordena su habitación (y de la cual Patton aseguró sentirse “muy orgulloso”); su ingreso en un bar de ambiente donde se encuentra con su profesor de gimnasia vestido de homosadomasoquista (y que terminará asesinado en las duchas del colegio totalmente desnudo, atado a unas cuerdas de saltar y tras sufrir cachetes en el culo por parte de unas toallas que adquieren vida propia); y, en fin, la propia posesión de Jesse que Freddy lleva a cabo sugiere la aparición subrepticia de una personalidad psicótica de Jesse debido a su reprimida sexualidad.

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La persona encargada de entrevistar a los actores en el pase especial del film en Londres, hizo una gran pregunta (al César lo que es del César) a la cual Patton también respondió  de manera interesante (al César lo que es el del César). La pregunta fue por qué este film era tan diferente del resto de la saga, por qué Freddy Krueger necesitaba matar a sus víctimas poseyendo a alguien, a lo cual el actor respondió: “hay que contextualizar. A día de hoy, 33 años después de su inicio, Pesadilla en Elm Street es una saga. Cuando nosotros hicimos esta película, no había saga. Sólamente había una Pesadilla en Elm Street, así que los tópicos y las características propias de la saga que se han creado con el tiempo, no existían entonces. Esto en su momento dió la libertad de contar la historia de cualquier manera que se quisiera”. 

Los actores, en un momento de la conferencia sobre el film,a la cual asistí.

Otro dato interesante apuntado por Mark Patton en la conferencia fue que “no creo que yo interprete a un gay en la película. Lo que sí creo es que interpreto a una chica. Pensadlo bien: el héroe de la película no soy yo, es Kim, que es la que pelea contra Freddy Krueger. Yo  hago la parte de la chica”. No se yo cómo sentará esta frase a los colectivos feministas, siempre susceptibles a ciertos comentarios ni siquiera ya políticamente incorrectos. Pero lo cierto es que un gay afirma haber interpretado en esta película el rol femenino, al ser el personaje débil. Quizá Patton no haya visto films como Alien Terminator, pero ahí queda su visión. 

Quizá analizar un film de estas características sea darle demasiada importancia. A fin de cuentas, no es más que un slasher de su época, convertida en objeto de culto a día de hoy más  por su cutrez que por su valor artístico. Quizá todo el componente sexual sea una manera de llamar la atención por parte de un(os) actor(es) que no han conocido mayor éxito que éste para que se siga hablando del film. Lo cierto es que 32 años después, Pesadilla en Elm Street 2 ha envejecido relativamente mal, aparte de una serie de secuencias aisladas: citaré ese pesadillesco prólogo en el que el autobús con Freddy como conductor termina en un desierto que se derrumba desatando el infierno a sus pies; la onírica secuencia en la que Jesse entra en una de las habitaciones de su casa y ve a esa niña saltando a la cuerda y cantando una canción infantil (para mí la mejor secuencia del film); y la, de nuevo, onírica escena-homenaje a Dalí en la que un vinilo se derrite presagiando la aparición de Freddy.  A fin de cuentas, ni siquiera el propio Krueger tiene excesivo peso en la trama, y sus asesinatos ocurren a cuentagotas.  Y si en un slasher falta eso, a tenor de la casi siempre débil caracterización de sus personajes ¿qué nos queda?

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El prólogo, uno de los mejores momentos del film