Comprarse una casa de 600.000 euros no debería ser motivo de controversia, en situaciones normales. La controversia es lo que ha ocurrido con el líder de Podemos Pablo Iglesias y su pareja, la también Podemita Irene Montero, que se han comprado una bonita choza por ese precio. La controversia ha ocurrido porque posiblemente no estemos hablando de una situación normal, ni de personas normales.

¿Quiere esto decir que hablamos de anormales? Por mucho gusto que pueda causar una respuesta afirmativa, creo que es justo definir en este caso el concepto normal basado más en la pertenencia de clase y posición política de los susodichos tortolitos. Y es que después de ascender y escalar en la pirámide social a través de un gran componente vacío en términos de márketing político basado en un enemigo llamado CASTA y en una genial ingeniería propagandística que haría sentirse orgulloso a todos los que en algún momento de la historia del homo sapiens se han aprovechado o han vivido de ello, la situación más bien habría que analizarla con un poco menos de fanatismo y, desde luego, con algo más de perspectiva social y sin caer en las redes del engaño.

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Y eso es lo que una vez más, los Podemitas han llevado a cabo. Una genial red de engaño, basado en lo que mejor controlan: la propaganda política. Tras estallar el escándalo, el tema se ha convertido en trending topic. Quienes atacan a la pareja desde la derecha, porque dicen que no es ético con lo que proponen (y yo me pregunto qué tiene de ético lo que proponen); desde la izquierda, porque representa el aburguesamiento de quien dice defender los derechos de la clase obrera.

Y por supuesto para defenderse de esta campaña de manipulación de la caverna mediática (no se si gente como Willy Toledo son de la caverna precisamente), la estrategia de Podemos y de sus líderes me ha parecido extraordinaria desde un punto de vista publicitario y propagandístico, demostrando una vez más que son genios en ello. El mecanismo de su defensa ha sido claro: Iglesias y Montero hablan cuanto menos mejor para evitar cualquier metedura de pata que pueda echar más leña al fuego, y ya que está de moda el concepto de La Manada, pues mandan a sus lobos a lavar la imagen: ahí saltan sobre todo, Pablo Echenique o Juan Carlos Monedero. El slogan y el leit motiv de la defensa es claro: la clase obrera y de izquierdas no tiene por qué ser pobre y vivir en la inmundicia. Seguro que Stalin, Brezhnev o Erich Honecker estarían de acuerdo con esto, pero no se yo si los obreros de la Alemania Oriental que vivían en casas minúsculas y exactamente iguales y que tuve la oportunidad de experimentar en un viaje que hice a Berlín hace tres años podrían tragarse los exabruptos ante semejante idea. Como también es curioso que una de las cosas que ensalzaban los Podemitas de Pepe Mújica era precisamente su austeridad, a pesar de la posición que ocupaba. Pero oye, no todos somos Pepe…

Muy pronto, el slogan ha calado entre una ciudadanía que, sin darse cuenta, apoya una vez más que sólo la élite política pueda permitirse semejante morada en la Sierra madrileña. Una vez más, ven en el ejemplo de Pablo Iglesias e Irene Montero un posible futuro para sus hijos; los hijos de los albañiles de Sevilla, de los mecánicos de Albacete o de los siderúrgicos de Muskiz. Yo les recomiendo a todos ellos, que harían bien en sacarles a sus hijos el carnet de militantes podemitas, esa “empresa de colocación” como muy bien la ha descrito Willy Toledo en los últimos días, porque si piensan que sus hijos van a tener la facilidad de comprarse una casa así por medios honrados o sin ayuda de LA CASTA, bien harían en empezar a bajarse de la nube.

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Porque si precisamente hay un problema en que Iglesias y Montero se hayan comprado una casa es porque pertenecen a la CASTA. Ese es el principal problema que la campaña de manipulación podemita contra la campaña de manipulación de la caverna (entre ellos, fascistas demostrados como quien esto escribe y Willy Toledo) ha provocado: que ha abducido de las mentes de la gente normal el principal punto del asunto. Pablo Iglesias no se ha convertido en Satán ni en CASTA porque se haya comprado esa casa. El problema es que se ha comprado esa casa porque ya era CASTA.

Pero esque Pablito es tan honrado que ha puesto su cargo a  disposición de los militantes podemitas, que están llamados a votar entre este martes y el domingo si Pablote y su querida se quedan en sus puestos, recordándonos que “nadie en la historia de la democracia ha hecho algo así, ni Felipe González”, en palabras autoexaltadoras del propio Pablito.  Aparte de que su memoria de pescado frito quizás no recuerde que Felipe González dimitió de su cargo después del XXVIII Congreso del PSOE en 1979 cuando las bases del partido votaron en contra de la propuesta de que el partido renunciase al marxismo, para volver luego con más fuerza cuando los pobres socialistas se sintieron huérfanos sin su líder (el Señor X de los GAL), Pablito sabe muy bien que este tipo de consultas plebiscitarias de SÍ O NO favorecen al líder, que una vez ganado el duelo está aún más legitimado en su poder. Hace unos pocos días, Willy Toledo se encargó de ridiculizar esta esperpéntica lección democrática en su muro de Facebook escribiendo: “Pongo mi cargo a disposición de mi club de fans”. La verdad es que la analogía me parece tan brillante en su intento de caricaturizar la situación como acertada en su análisis.

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 A esos trabajadores que defienden a Pablito mientras viven en una casita normal, mientras sueñan con que sus hijos tengan una casa con piscina y jardín y se ponen el mundo por montera ( o por Montero), sólo recordarles que Iglesias es CASTA porque sus padres son personas con un patrimonio que ni tú ni yo, querido lector, veremos nunca. Y eso es casta: la estratificación social basada en la endogamia, en las relaciones entre clases sociales iguales o en la herencia. ¿Honrados? Sí o no. ¿Que Pablito cuenta con unas ventajas que ni tú ni yo tenemos? Seguro. Por lo tanto, que nadie olvide que el asunto principal de este chalet es ese: que es una manera más para Pablo Iglesias de mostrar que pertenece a una clase privilegiada y que de meritocracia tiene cero patatero. A fin de cuentas no hubiera fundado un partido ni se hubiera convertido en su líder y macho alfa si no lo fuera, si no hubiera tocado contactos aquí y allá, si no tuviera a prensa progresista de su lado, como un diario digital muy conocido o La Sexta, con el muy buen Ferreras a la cabeza.