Corría la temporada 93-94 del siglo pasado. Quien esto escribe comenzaba a interesarse apasionadamente por el fútbol y un Athletic 3-1 Deportivo, mi primer partido en San Mamés, había encendido aún más si cabe esa mecha. Con mi padre gallego como aficionado del SuperDepor, aquel partido se convertiría en un ritual de cada año venidero.

Mi primera visita a las instalaciones de Lezama se produjo también en aquel año. La admiración hacia aquellos futbolistas rojiblancos hacía brotar hacia fuera toda mi vergüenza interior, y debían ser otros los que pidiesen a los jugadores que se sacasen una foto conmigo. Aún conservo todas las fotos que me hice aquel día: con Larrainzar, con Iribar, con el Txingurri Valverde, con Xabi Eskurza, y cómo no, Julen Guerrero. Esta última está enmarcada en un marco de elaboración propia que nos mandaron hacer en clase de plástica aún siendo pipiolos. Todo comenzaba a girar en mi vida en torno al Athletic.

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Una foto falta empero a día de hoy. Una foto a la que no di valor en aquellos tiempos, cuando creía que lo mejor del fútbol eran los futbolistas. A día de hoy, y para hacer una analogía cinematográfica, me gustan más los directores que los actores. Por eso siento aún hoy que me falta una foto de recuerdo con el director de aquel Athletic, a quien no se la pedimos aquel día. El director no era otro que Jupp Heynckes.

COMO JUGADOR,CAMPEÓN DE TODO

Josef Heynckes había nacido en Renania pocos días después de que el III Reich se viniese abajo. Muy pronto se vió que aquel niño estaba dotado para el fútbol, especialmente para romper las redes contrarias a base de goles. Inició su carrera en el club de su ciudad, el Borussia Mönchengladbach, cuando el equipo estaba en segunda división de Alemania. Al año siguiente de debutar, en 1965, el Mönchengladbach ascendía ya a la Bundesliga.

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Tras un exilio de tres años en el Hannover 96, Jupp volvió a su club y a su ciudad para formar parte del mejor Borussia Mönchengladbach de todos los tiempos. Un equipo que con él mismo, Berti Vogts o Günter Netzer sigue desprendiendo ese aroma de fútbol de otra época que despierta la añoranza por tiempos pretéritos.  Cuatro ligas alemanas, una Copa y una Copa de la UEFA son el balance del conjunto que dirigieron Hennes Weisweiler y Udo Lattek, al cual Jupp contribuyó como uno de los depredadores más sanguinarios de Europa: dos veces Pichichi de Alemania (en una época en la que competía contra uno de los cazadores más voraces de todos los tiempos: el Torpedo Müller),  dos veces máximo goleador de la Copa de la UEFA y una vez máximo goleador de la Copa de Europa. Precisamente esta última competición fue la única que no pudo ganar como futbolista, ya que perdió la única final que disputó con el Mönchengladbach en este torneo ante el Liverpool (3-1, en 1977).

Con la selección alemana disputó 39 encuentros anotando 14 veces. Fue campeón de la Eurocopa en 1972, y dos años después alcanzaría la gloria como campeón del mundo derrotando a la Naranja Mecánica de Cruyff y Michels.

COMO ENTRENADOR, CAMPEÓN DE TODO

1.Llegada a Bilbao

Mitómano y enamorado de los clubes populares, decidió venir a Bilbao en 1992. El Athletic estaba cambiando. Su objetivo ya no era luchar por la Liga, competición que había ganado por última vez tan sólo ocho años antes, pero que parecían una eternidad. Una segunda etapa infructuosa de Javi Clemente y un sálvese quien pueda de la mano de Iñaki Sáez y Txutxi Aranguren, habían empañado la primera etapa de la presidencia de José Julián Lertxundi. Para arreglarlo, el Presidente decidió que era hora de fichar un entrenador de prestigio que dirigiera una revolución en la plantilla. Sus miras se dirigieron a Renania y a un entrenador que había dirigido al gigante de Baviera, el Bayern, los años anteriores, Jupp Heynckes.

2. Los chicos son Guerreros

Heynckes cogió un equipo meridianamente joven, con una generación de futbolistas que aún no acababa de explotar. Urrutia, Garitano, Alkorta, Lakabeg y compañía habían entrado en una mala época para triunfar. Necesitaban un entrenador que les aportase confianza y allí llegó Jupp. “Chicos, hay que correr menos, y jugar más”, fue una de las primeras cosas que dijo a la plantilla.

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Mirando hacia lo que venía de abajo, no le tembló el pulso y subió al primer equipo a Juanjo Valencia y a Aitor Karanka. Pero sobre todo, descubrió en la playa de Lezama una concha que escondía la perla más brillante de todas. Una perla que ayudaría al tecnico renano a llevar adelante con éxito sus métodos de trabajo. La perla a la que nos referimos no puede ser otra: Julen Guerrero.

3. Rombos y otras figuras geométricas

De un entrenador alemán siempre se podía esperar en aquella época una rigidez sistémica de juego que pudiese parecerse a un cálculo matemático. Y Heynckes parecía ser fiel seguidor de aquello cuando en Bilbao comenzaba a utilizarse el concepto rombo para hablar de aquel centro del campo impuesto por el alemán y formado por un mediocentro, dos interiores casi extremos y un mediapunta goleador (traducido: Urrutia + Eskurza + Garitano/Mendiguren + Guerrero).

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Pero aquella figura geométrica representaba lo contrario a la rigidez. Era más bien parecido en esencia al rombo que aparecía en televisión anunciando programas no recomendados para menores por su contenido explosivo. Y eso fue precisamente, el fútbol de aquel Athletic: una explosión de fútbol ofensivo que en este caso, debería ser de visión obligatoria para los menores de edad. El Athletic acabó quinto clasificado en 1994, y con una plantilla que radiaba juventud y cuyo esqueleto es el que llevaría cuatro años después el subcampeonato de Liga y la Champions League a Bilbao.

4. De éxitos y despidos incomprensibles varios

Tras dejar Bilbao, se marchó al Eintracht por motivos aún tan desconocidos como desconcertantes. Luego tomó las riendas hereditarias del mejor Tenerife de la historia, al que a punto estuvo de clasificar para disputar la final de la UEFA, gracias a un fútbol casi total y a partidos tan recordados en la isla como el 1-0 al Schalke (a la postre, futuro campeón), el 5-3 a la todopoderosa Lazio o el 2-4 al Feyenoord en Rotterdam. A partir de su marcha, el Tenerife entró en barrena, una caída de la que aún trata de recuperarse, ahora con otro de los nuestros al mando como es Joseba Etxeberria.

Llegaría al Madrid después, al que hizo campeón de Europa tras 32 años. Fue despedido a final de temporada por Lorenzo Sanz, quien dijo que “si no hubiera sido por la Champions, ésta hubiera sido la peor temporada de los últimos 30 años” sin ser consciente de que gracias a la Champions probablemente esa fue la mejor temporada del Madrid en 30 años.

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Poco aportó al Benfica luego, salvo por incrementar su palmarés como descubridor de talentos jóvenes, dando la posibilidad de debutar a uno de los grandes mediocampistas portugueses del siglo XXI: Nuno Ricardo Oliveira Ribeiro, “Maniche”.

5. Vuelta a su casa: Bilbao

En 2001, volvió a una de sus casas: Bilbao. Aunque no fue tan exitoso como la primera vez, al menos nos dejó a un paso de disputar una final de Copa después de 17 años de espera. Y se fue dejando de nuevo las bases de un equipo que exhalaba juventud en cada respiro: los Del Horno, Yeste, Gurpegi o Aduriz estaban llamados a hacer cosas grandes para el club y lo hicieron (algunos podían haber dado muchísimo más).

Tras afirmaciones polémicas varias con lujos, Volkswagens y Fórmulas 1 que le hicieron granjearse la molestia de muchos aficionados rojiblancos, Jupp abandonó de nuevo la nave tras dos años, pero los cuatro años totales pasados en Bilbao y Euskadi dejarían una huella profunda en el bravo entrenador alemán. A fin de cuentas, las regañinas del momento nunca pueden romper matrimonios eternos. Y Jupp se ha ido desquitando de aquellas polémicas con declaraciones llenas de amor hacia nuestro club y nuestra tierra con el paso de los años. “El Athletic es uno de los pocos clubes que si me llaman me harían levantarme de mi sillón”“El Madrid es un gran club, y tuve que ser muy profesional; pero en el Athletic tuve que dar lo mejor de mí mismo porque allí los jugadores juegan para el país”; “Cuando estaba en el Athletic, los futbolistas se reunían para cantar canciones tradicionales, había un sentimiento de unión extraordinario del que me siento feliz de haber formado parte”“La palabra hablada de un vasco se aplica a un apretón de manos en el que se puede confiar al cien por cien”.

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Palabra de quien ganó un triplete antes de retirarse en 2013, para levantarse de ese sillón este año y ayudar a su Bayern a superar un mal momento. Y a punto ha estado de hacerlo de nuevo: ganar el triplete. Sólo fallos puntuales en la eliminatoria de Championsante un Madrid de Zidane especialista en explotar esos agujeros y una incomprensible falta de eficacia goleadora en la final de Copa lo han evitado.

Ahora vuelve a su sillón, a disfrutar de la compañía de su querida esposa Iris y de su fiel perro Cando. Y mientras, aquel niño que se acercó a Lezama en aquella temporada 93-94 sigue maldiciendo no haberse sacado una foto aquel día con Jupp Heynckes. Porque hubiese supuesto tener un recuerdo a día de hoy de un entrenador muy especial y de un hombre muy grande.

DANKE JUPP!

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Endika Brea Berasategui