Jean Luc Godard dijo en una entrevista: “Los componentes de la Nouvelle Vague entramos en el cine como unos cavernícolas hubiesen entrado en el Palacio de Versalles”. No le faltaba razón a Godard, si entendemos la frase como una manera ruidosa y salvaje de hacer cine, novedosa y rompedora con todos los medios y formas hasta entonces imperantes en el viejo sistema de estudios.

Godard como sus coetáneos de la “Nouvelle Vague” François Truffaut, Eric Rohmer o Claude Chabrol habían sido críticos de cine en la mítica revista francesa Cahiers du cinema bajo la tutela de André Bazin antes de convertirse en directores que iban a cambiar la historia del cine. Y es que ésta generación de cineastas abogaban por una radical libertad de expresión y cambio en el status quo dominante.

En 1963, Godard adaptaría la novela de Alberto Moravia El desprecio, por la que el cineasta francés no sentía una especial predilección, por cierto.

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REVOLUCIÓN CON BRIGITTE, MICHEL Y CÍA.

Probablemente, El desprecio sea la película más radical de todas las dirigidas por algún componente de la Nouvelle Vague. Godard comienza su revolución de las convenciones fílmicas mostrando una cámara (elemento base de la realización cinematográfica siempre escondida  a los ojos del espectador) que graba en travelling a la traductora del film que se está rodando dentro de la película. A su vez, una voz en off nos relata todos los implicados en la realización de El desprecio, en lugar de los habituales títulos de crédito rotulados. La escena de créditos termina con la cámara mencionada apuntando directamente al espectador, enfrentando a éste cara a cara con el elemento que le permite adquirir el punto de vista de la imagen fílmica cada vez que ve una película.

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Sin embargo, mucho más radical es la primera secuencia de la película. Una desnuda Brigitte Bardot pregunta a Michel Piccoli si le gustan cada una de las partes de su cuerpo, mientras la cámara se deleita en un plano secuencia arriba-abajo con el cuerpo de B.B. El filtro de color cambia tres veces en este único plano, mostrando los tres colores dominantes durante el film (rojo, blanco y azul) que son, por cierto, los de las banderas tanto de Francia como de Estados Unidos. En ésta primera secuencia encontramos por lo tanto una revolución fílmica en al menos tres elementos del lenguaje cinematográfico con respecto a cómo venían tratados hasta entonces:

  • Encuadre: Del constante cambio de planos, pasamos al uso del plano-secuencia o de un único plano, que alcanzará su uso más magistral en la posterior secuencia de la discusión entre Piccoli y Bardot dentro del apartamento de ambos.
  • Color: El cambio de filtros pictóricos que se venían produciendo hasta entonces sólo acompañando al cambio de secuencias se destruye aquí con el cambio de color en el mismo plano.
  • Temática: Un tema como el de la sexualidad, que apenas se podía intuir hasta entonces mediante inocentes besos en pantalla, se retrata aquí a corazón abierto, no mostrando cualquier cuerpo desnudo, si no el del mayor de los íconos del erotismo de la época, Brigitte Bardot.

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Más adelante también encontraremos usos rompedores de otros elementos como el sonido, que se para en seco en la secuencia en la que el grupo protagonista asiste a una función de teatro a buscar nuevos talentos actorales para el film homérico que están preparando. A su vez, la maravillosa partitura musical compuesta por Georges Delerue tiene también novedosas entradas y salidas en el film.

Los extraordinarios y vanguardistas decorados, como esos maravillosos interiores de su apartamento donde transcurre la discusión entre Piccoli y Bardot o el exterior de la casa en Capri (una de las mejores casas de la historia del cine) acompañan ésta imagen rompedora del film.

Citemos que unos meses antes de El desprecio John Ford había estrenado una obra maestra como El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance, 1962) que es todo lo contrario al film de Godard: un film radiantemente clásico. Uno sólo puede imaginarse lo que una película como El desprecio pudo suponer para la época.

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CRISIS DE PAREJA

Spoiler:  El desprecio es la historia de una crisis de pareja contada a través del cine dentro del cine. Laval (Michel Piccoli) y Camille (Brigitte Bardot) son una pareja casada. Él es un guionista que ha sido contratado por el productor Prokosch (Jack Palance) para escribir la nueva versión de La Odisea que se está llevando a cabo en Cinecittá y que la está dirigiendo Fritz Lang (interpretándose a sí mismo).

La historia es la lucha interna de Laval por aceptar hacer una película comercial sólo por dinero o renunciar por amor al arte. A la vez que Laval debe resolver éste conflicto interno, su relación con Camille pasa por las mismas fases que para Godard supone la realización fílmica: el amor inicial da paso al desencanto y el desencanto es el preámbulo final del desprecio.

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No es casualidad que al final Camille acabe huyendo con Prokosch, repugnante sujeto al que Godard no duda en usar como metáfora de rol destructivo que habitualmente asume el productor en la creación del cine, como individuo enemigo del arte y amante del beneficio económico rápido. Muchas veces se ha querido ver a los protagonistas como una suerte de álter egos de los personajes homéricos de La odisea, y aunque si bien puede ser cierto, creo que es más apropiado ver a cada uno como elementos del proceso cinematográfico: Laval el idealista, Prokosch el impedimento de hacer arte, Camille el bello objeto destruido por la lascivia del productor, Fritz Lang el viejo director resignado a los nuevos tiempos…

A fin de cuentas como le dice el propio Prokosch a Laval en un momento del film: “no puedes hacer en la realidad “La Odisea” “. Ésto se emparenta con una de las frases más geniales dichas nunca por André Bazin y que es citada al inicio del film: “El cine es la sustitución de un mundo amoldado a nuestros deseos”. Éso es precisamente El desprecio, una visión amarga de las relaciones de pareja y de la realización cinematográfica a los ojos de Jean-Luc Godard. Una obra maestra.