“Creo que después de cuatro años es bueno que venga alguien nuevo, alguien con ideas nuevas, que agite la coctelera…” decía el Txingurri Valverde en la rueda de prensa que supuso el punto final a su segunda etapa como entrenador rojiblanco.

Era una situación arriesgada porque cuando algo funciona, lo único que puede pasar es que se mantiene igual o que empeora. Difícilmente algo que va viento en popa puede mejorar cuando se cambia alguno de sus elementos.

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La historia es caprichosa y tiende a repetirse. En 2005, Ernesto Valverde dejaba el Athletic tras dos excelentes temporadas como entrenador del equipo. Una derrota en 1/16 de la UEFA ante el Austria de Viena, “un fracaso” para un abogado experto en leyes como Fernando Lamikiz, fue el comienzo de una agonía que duraría dos años. Mendilibar fue el valiente que decidió coger la herencia del Txingurri, un entrenador que como el animal de su apodo, trabaja en silencio, poco a poco y cosechando resultados grandiosos que debido a su silencio parecen mediocres.  Cinco meses duró Mendi cumpliendo su sueño vital hasta que fue reemplazado por Javi Clemente. Después ya sabemos la historia: salvación por los pelos dos años seguidos, y Sarriugarte y Mané hasta que Caparrós tomó las riendas y plantó las semillas de un nuevo ciclo.

Aunque diferente la manera en la que se marchó este verano pasado, de nuevo unos 1/16 de final de UEFA supusieron el inicio del divorcio entre afición y la filosfía de Valverde, esta vez ante el APOEL Nicosia; ese fue el fact que sacó a la superficie el desgaste provocado por cuatro años en el cargo. Y de nuevo, parece que su sustituto no durará mucho…

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Y es que a pesar de que creo que ha tenido mala suerte en determinadas cuestiones como pueden ser lesiones serias de jugadores clave, la realidad es que Cuco Ziganda no creo que vaya a acabar la temporada con el Athletic. No porque le deseo la destitución, ni mucho menos (de hecho, no lo tengo claro hasta qué punto pueda ser satisfactorio iniciar proyecto nuevo a mitad de temporada, con no se sabe quién), si no porque ha perdido lo más importante: el apoyo de la masa social. La gran mayoría le quiere fuera. Y cuando la mayoría te quiere fuera, ya se sabe lo que pasa. Aunque Urrutia insista en que la Junta  Directiva que preside siempre se ha caracterizado por dar confianza a sus entrenadores, hasta ahora la confianza a sus entrenadores también venía desde la grada…

La coctelera que ha dejado Valverde sólo da para Bloody Marys amargos hasta ahora. Y la afición no está por esa labor.

AUPA ATHLETIC!