EL MAYOR DISPARATE DE LA HISTORIA DEL CINE

DE TODAS LAS PELÍCULAS QUE HE DIRIGIDO EN MI CARRERA, “COMANDO” ES, SIN DUDA, MI FAVORITA.

MARK L. LESTER

TÚ TAMBIÉN LE TIENES MIEDO A MATRIX

ARIUS (DAN HEDAYA)

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En mi artículo sobre Gremlins (Joe Dante, 1984), decía que los años 80 nos trajeron un cine de muy marcada personalidad. Fueron los años de la edad de oro del cine juvenil, del cine fantástico, en los que los films presentaban animadas paletas de colores y de luces que daba muchas veces a las películas un estilo visual que las unía con los dibujos animados.

          Pero sería incompleto esto que digo si no añadiésemos que fue también la época dorada del cine de acción o actioner, dentro de la cual surfearon por la cresta de la ola del estrellato actores de la talla de Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger y un género que nos descubrió a estrellas de las artes marciales, que decidieron que sería una buena idea probar en el cine a través de productos comerciales cortados a la medida del (escaso y limitado) talento artístico (sic) de sus protagonistas: Jean Claude Vand Damme, Chuck Norris, Michael Dudikoff, Steven Seagal…

      Me gustaría hoy hablar de un film que ayudó a propagar el actioner como género popular por el mundo: Comando.

        Nos situamos en 1985. Ronald Reagan ha finiquitado la época de las buenas intenciones (más o menos) de la era de Jimmy Carter. Y la Administración Reagan ha devuelto la virulencia belicista propia del Gobierno americano a la actualidad, de la forma más agresiva posible: son los años del apoyo a la contra nicaragüense, del Irangate, de la Iniciativa de Defensa Estratégica (La Guerra de las Galaxias) y de la privatización y liberalización virulenta de muchas oscuras compañías multinacionales.

           Todo este contexto histórico había ayudado a que el cine de acción mostrase fornidos y musculosos héroes (casi superhéroes) haciendo frente a todo un ejército de villanos, al poder ser de bando comunista y situados en países donde EEUU estaba o había estado en guerra: Vietnam, Afganistán, Granada, Panamá… Surgieron así esperpentos de la talla de la trilogía Desaparecido en combate (Missing in action); Delta Force; McQuade: el lobo solitario (Lone Wolf McQuade); Invasión USA (Invasion USA) (todas ellas con los hermanos Chuck y Aaron Norris pilotando el percal); El guerrero americano (The american ninja); Rambo II; Rambo III  y un largo etc. de subproductos a cada cual más fantoche, que mostraban a los comunistas como demonios a los que exterminar y apoyaban sin ningún rubor a dictadores derechistas e, incluso, a mujahidines, una de cuyas facciones crearía años más tarde el movimiento talibán.

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       Y en todo este embrolló apareció Steven E. de Souza, que agarró el guión de  Comando y consciente del disparate argumental que se traía entre manos, lo moldeó a su manera y acabó por convertirlo en una parodia de este género y en una comedia de tintes antológicos. De Souza es un experto en mezclar acción y comedia: suyos son los guiones de Jungla de cristal (Die Hard) o  los retoques para Límite:48 horas (48 Hrs.), que hacen alarde de un sentido del humor que ya les gustaría para sí a los hermanos Norris, cuya beligerancia fílmica es digna de mejor causa.

         El elegido para interpretar al héroe protagonista que en solitario aniquilará a todo un ejército de militares y mercenarios que pretende ser serio y temible fue Arnold Schwazenegger. Es el actor de origen austríaco perfecto para interpretar a John Matrix por su predisposición a la comedia (Junior; Poli de guardería) y a reírse de sí mismo (como demostraría más tarde en la obra maestra de John McTiernan El último gran héroe y también en las entregas de Los mercenarios).

      Empecemos a analizar desde el argumento: un escandaloso disparate. John Matrix (Schwarzenegger) es un ex capitán de un comando de élite que vive retirado en las montañas con su hija Jenny (Alyssa Milano). Pocos saben de su paradero, uno de ellos es el General Kirby (James Olson), que le informará que sus antiguos compañeros de unidad están siendo asesinados por no se sabe quién, entre ellos su némesis Bennett (Vernon Wells). Pero no tarda en descubrir nuestro héroe que todo es una trampa, organizada para descubrir su paradero y secuestrar a su hija para que a cambio Matrix colabore con su antiguo equipo organizando un golpe de Estado en la isla de Val Verde (sic), un pequeño país centroamericano, con vistas a instaurar un régimen fascista liderado por Arius (sic) (Dan Hedaya), el cual se hace llamar a sí mismo El Presidente (!!!). Por supuesto, Matrix se niega amablemente a ello, y en cambio irá aniquilando a todos los malos hasta rescatar a la pobre e indefensa Jenny.

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        Uno de los puntos que más carcajadas me provoca de este film es la asexualidad del mismo. Apenas hay mujeres en la trama, y la única que aparece, la azafata Cindy (Rae Down Chong), que ayudará a nuestro protagonista en su baño de tiroteos y explosiones, se sitúa en las antípodas de cualquier película en la que hombre y mujer hacen frente durante muchas horas a una situación límite y acaban saltando chispas entre ellos. En Comando, el único fuego que salta es el proveniente de las bombas activadas por Matrix. El héroe no tiene tiempo que perder con romanticismos baratos. Hay que matar a todo un ejército de patéticos esbirros centroamericanos, así que el tener sexo o siquiera el hecho de pensar en ello es una pérdida de tiempo. Matrix es un autómata invencible metralleta, cuchillos, pistolas, hachas o lo que sea en mano, como si fuera una prolongación del Terminator que interpretó Schwarzenegger un año atrás, pero en versión humana. En la película de James Cameron ya lo decía el personaje de Arnold:“Volveré”.  Y vaya que volvió. Ahí están esas imágenes iniciales de los pies gigantes y de los enormes brazos del actor austríaco mientras carga una motosierra en una mano y el tronco de un árbol talado sobre el otro hombro. Una presentación de alguien con una fuerza sobrehumana, que va más allá después en el film, cuando Schwarzenegger rompe un candado con la fuerza de sus manos. Uno no sabe si John Matrix es de este planeta o si ha sido creado en algún laboratorio de ingeniería genética del Pentágono. (Por cierto, siguiendo el hilo de Terminator, en un momento de la película Matrix le suelta a Bennett la frase que inmortalizó el cyborg de James Cameron, ya citada  hace pocas líneas, lo que demuestra el sentido del humor autoparódico de Arnold Schwarzenegger).

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         Otro de los puntos fuerte de Comando son sus ridículos villanos, a cada cual más lamentable: empezamos por Arius, el Presidente.Uno no sabe si un actor del prestigio de Dan Hedaya aceptó este papel porque debía pagar la manutención a un harén de ex esposas o porque planeaba unas vacaciones lujosas aquel verano, pero lo cierto es que su habitual cara de mal humor no hace más que sacar más risas al espectador en vista del escandaloso objetivo que se trae entre manos su personaje: dar un golpe de Estado en Val Verde.

          ¿Qué decir de Bennett? Ese hombre que se pasea con bigote, cota de malla, pantalones de cuero y botas del Dr. Martens, un émulo de Freddy Mercury, el cual es (supuestamente) el rival más temible de Matrix. Y digo supuestamente, porque nos hacen creer que este hombre sin un sólo músculo, más bien fondón y pasado de kilos, sin poseer precisamente la capacidad intelectual de un ingeniero y que en el duelo final con Matrix aparece agitado, fuera de sí, sobreexcitado, con los ojos a punto de salírsele de sus órbitas, como si hubiese esnifado cuatro rayas de cocaína y fuese a cantar el Bohemian Rhapsody de Queen,  puede ser rival para Schwarzenegger. ¿Alguien dudaba cómo iba a acabar la historia? Pues sí, efectivamente, tras amenazar a Matrix con que le va a disparar entre los huevos, Bennett exhala su último suspiro de vida empalado por una tubería humeante que Matrix arranca de la pared de cuajo y que se la lanza con la precisión de un medallista de oro en jabalina.

         Arriba, escena final con un Bennett desatado y fuera de sí

         Tenemos también a Cooke (Bill Duke), el boina verde que se desayuna Arnold a hostia limpia en la habitación de un motel donde la gente va más a follar (como esa ardiente pareja de la habitación contigua que ve interrumpido su coito, cuando los dos contrincantes entran a mamporro limpio, rompiendo la puerta en su disputa).

            Pero, sin duda, los que se llevan la palma en el clan de los temibles villanos que enfrenta Matrix son la extraña pareja formada por Henriques y Sully. El primero debe escoltar a Matrix en el avión que debe llevar a éste a Val Verde. El segundo, debe dar el OK desde tierra de que todo el plan marcha según lo previsto, una vez el avión despegue. Y digo que es una extraña pareja porque en un momento del film, Sully explica a Matrix que él y Henriques estuvieron juntos en el Ejército. Henriques es de raza negra, viste chillonas camisas hawaianas, sombrero de paja y trajes made in alguna república bananera, que parece sacado de la banda de música de Compay Segundo. Sully es de raza blanca, medirá a lo sumo 1,30 metros de altura, pesará 40 kilos mojado y viste trajes que incitan a pensar que va a ponerse a bailar tangos de Carlos Gardel en cualquier momento. ¿Alguien se puede creer que esta pareja bien avenida haya pertenecido alguna vez a algún ejército? Evidentemente, ante tamaños enemigos, Matrix deberá reaccionar de manera enérgica y contundente: se cargará a Henriques de un codazo en el avión delante de todo el mundo que no ve nada, saltará de la aeronave en pleno despegue y tras una persecución antológica a coche que bien la hubiesen firmado en Bullit, acaba con Sully arrojado por un barranco interminable, tras tenerlo suspendido de una pierna boca abajo, sujetándolo con un solo brazo, como si fuera un muñeco.

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Sully y Henriques, inolvidable pareja de villanos

        Comando también luce por las frases sentenciarias lanzadas por el protagonista a lo largo del film. Así, Matrix ejecuta unos diálogos que los hubiese firmado el más fino de los poetas:

                       “Eres ingenioso, Sully. Me gustas. Por eso a ti te mataré el último.”

                       “-¿Adónde vamos?

                         -De compras. (Antes de asaltar una armería y atiborrarse de armas).

                         “Yo desayuno boinas verdes y ahora tengo hambre”

                          “Suelta un poco de vapor, Bennett” 

        Una auténtica delicia.

        Y como Arnold es austríaco y por lo tanto posee un marcado acento germano cuando habla en inglés, ¿cómo se justifica este hecho en la película? Pues haciendo que, cuando era niño, Matrix fuera criado en Alemania Oriental (sic). Así se lo dice a su hija Jenny, mientras desayunan al inicio del film y a Schwarzenegger le da por criticar la hombría de George Michael.

         En fin, damas y caballeros. Comando, una obra maestra. Un clásico, no apto para paladares poco exigentes. La película preferida de infancia de quien esto escribe. A día de hoy, cada vez que la veo, me lo sigo pasando como un enano. Y Arnold Schwarzenegger, sin él saberlo, continúa siendo uno de mis mejores amigos de la infancia. Con él, pasé los mejores momentos de mi niñez. Bendito disparate.