Tú con tu pueblo y tu pueblo contigo…

Hacía meses que debía ponerme a escribir éste artículo. Se intuía que éste iba a ser su último año. A punto estuvo de serlo el pasado. Aguantó una temporada más. Todas las señales indicaban a una retirada. Finalmente, se confirmó.

Hacía meses que debía ponerme a escribir éste artículo. Pero no sabía cómo empezar. Escribir sobre alguien admirable es siempre complicado, porque uno tiene mucho que decir y miedo a no decir lo suficiente.

Finalmente, otro acontecimiento para el cual también todas las señales indicaban un final feliz, facilitó el desbloqueo mental para escribir éste artículo: la final de Copa del 2024. Ese acontecimiento coincidió con mis vacaciones de Semana Santa. Iba a estar en Roma, pero al final decidí ir de vacaciones a casa, a Bilbao. Esa decisión se tomó mucho antes de la semifinal contra el Atlético, incluso antes de los cuartos de final ante el Barcelona. Sin embargo, a medida que el Athletic se convertía en verdugo de quien se pusiera por delante en la competición, esas señales cobraban vida: iba a estar en Bilbao durante la Final de Copa. Llevaba una vida esperando para ver al Athletic campeón. Éste iba a ser el año.

Estando en Bilbao, comencé a ojear números antiguos de la revista Don Balón. Tengo una colección de en torno a 1000 números de esa revista, la mejor sobre fútbol hasta que Panenka le tomó el relevo. Releer un número de Don Balón es viajar a otro fútbol; un fútbol de coñac y puros; un fútbol en donde la americanización actual aún no había puesto sus manos en un deporte de origen radiantemente europeo; un fútbol donde los futbolistas parecían humanos por más cercanos…

Envuelto en esa lectura de fútbol-nostalgia, encuentro por dónde empezar a escribir éste artículo sobre el gran Raúl García Escudero. La inspiración me viene leyendo la crónica de la victoria del Atlético de Madrid de Quique Sánchez Flores en la final de la UEFA de 2010 contra el Fulham. En el póster dedicado al campeón, los jugadores colchoneros celebran la victoria: unos con banderas de sus países, otros con bufandas del club…y Raúl García vestido con la camiseta de portero con el número y nombre de Sergio Asenjo, compañero caído por el destrozo de su rodilla, que no puede estar ese día celebrando lo conseguido con el resto.

Ese detalle me inspira para comenzar éste artículo homenaje porque describe a la perfección los principios de un futbolista al que se echará muchísimo de menos a partir de ahora. Ese gesto de solidaridad, anteponiendo el acordarse de quien no puede estar por una desgracia aunque haya sido parte del éxito al ser uno mismo protagonista, habla de una persona generosa y humilde…

EL TIEMPO LLEGARÁ…

Llegó en 2015 a Bilbao. Una leyenda rojiblanca como el Cuco Ziganda, ya le había recomendado que su futuro podría ser exitoso por su manera de ser si decidía algún día recalar en el Botxo. Bien conocía Ziganda a ambas partes; y bien podía intuir el técnico de Larrainzar que, de consumarse esa relación algún día, la comunión Rulo-Athletic sería para siempre.

Se hizo esperar. Durante años fue objeto de deseo, e incluso hubo conato de odio mutuo eterno, pero el destino hizo su trabajo en silencio y Raúl llegó a Bilbao, después de despedirse de su anterior club entre lágrimas, convertido también en leyenda rojiblanca (parte uno).

En una entrevista informal de Julio Maldonado con Diego Pablo Simeone mientras comen un asado (disponible en Youtube), el entrenador argentino, entre carne y carne, cuenta anécdotas, una de ellas jugosa para éste texto como las costillas que están zampándose: en una Supercopa de Europa que juega el Atlético, el Cholo decide no incluir en la lista de convocados a Rulo. Reacción de Raúl: no se queja, no alza la voz, al día siguiente llega el primero a entrenar. Simeone termina la anécdota diciéndole a Maldini: «Eso es un hombre».

La grandeza de Rulo es conseguir que alguien como yo esté de acuerdo en algo con Simeone. Esa definición de lo que es ser un hombre, es perfecta, porque va excluída de cualquier atisbo de machismo u otro tipo de características vejatorias. Un hombre es un hombre cuando posee unos principios inquebrantables. Eso, precisamente, fue lo que fichó el Athletic a finales de aquel ya lejano mes de agosto del 2015. Un hombre. En un mundo donde niñatos besaescudos parecen cumplir los sueños húmedos de su infancia cada vez que cambian de camiseta de fútbol, el Athletic fichó la profesionalidad de un hombre: Rulo no mancha sus labios besando escudos, pero se rompe la cara por ellos. 

9 años después, Raúl García Escudero se retira del fútbol en el Athletic. Como uno de los nuestros. Como leyenda rojiblanca (parte dos). Entre medias, mil batallas, finales perdidas, clasificaciones a Europa, títulos de Supercopa, una dupla junto a Aritz Aduriz demoledora física y mentalmente para cualquier rival, la Copa del 2024 para marcharse como se van los grandes… pero sobre todo profesionalidad. Con el tiempo, he llegado a creer genuinamente, que no hay nadie que ame más un escudo que un verdadero profesional. Porque con mucha probabilidad, una persona con una alta ética profesional, tendrá una alta ética sobre cualquier aspecto de la vida. Hablamos de un jugador que no ha dudado en criticar el experimento especulativa de llevar la Supercopa a un país de dudosa tradición democrática como Arabia Saudí. Hablamos de un jugador que ha apoyado subidas de impuestos a los futbolistas por el simple hecho de que «hay que ser solidario». En los últimos años, han tratado de vendernos a futbolistas barriobajeros que rozan la violencia en muchas ocasiones como gente con valores humildes porque fueron albañiles durante un período de su vida. El que no sepa diferenciar lo que es ser un futbolista de valores humildes como Raúl y esos personajes más cercanos a un grupo gangsteril que otra cosa que se lo haga mirar. Hacen falta más jugadores como Rulo en un vestuario porque son personas que hacen al compañero mejor a nivel profesional y a nivel humano. 

Raúl llegó a Bilbao generando cierta desconfianza en un sector de la afición del Athletic. Quizá pequeño sector, pero sector al fin y al cabo. Pero estoy seguro que se va con el reconocimiento de todos. A fin de cuentas, hablamos de uno de los últimos futbolistas del Don Balón. De cuando el fútbol olía a coñac y a puro; de cuando la americanización no había metido sus manos en un deporte de origen radiantemente europeo; de cuando los futbolistas parecían más humanos por más cercanos…

Gloria eterna a un león que vino de fuera para seguir dignificando una historia de leyenda como es la del Athletic. Señoras y señores, por ahí se va un hombre. 

Eskerrik asko, Rulo.

Endi