Para Emanuela, una vez más.

ERES MI HERMANO, FREDO. TE QUIERO.PERO JAMÁS VUELVAS A PONERTE DE PARTE DE ALGUIEN QUE VA CONTRA LA FAMILIA. 

Michael Corleone

Corría el verano del año 2000. Cada dos o tres días me gastaba el dinero de mi paga en comprar nuevos VHS que incrementaban mi colección de películas y apagaban la sed fílmica de un cinéfilo virulento como yo. A la vez, restaban espacio a los armarios de mi casa. Pero no importaba. ¡Cuántas horas de maravillosa cinematografía llenaban aquellos días de verano! ¡Cuántos sueños! La gran mayoría de gente de mi edad disfrutaba de las fiestas de los pueblos. Yo, terminaba una película y ponía otra. Recuerdo que en uno de los mercados a los que iba a comprar las películas, estaba en venta EL PADRINO, pero nunca me había suscitado atractivo alguno. Me dejaba llevar por las críticas negativas hacia ella de parte de las hermanas de mi abuela, fanáticas del western, y por lo tanto, adoradoras de films en las que la violencia quedaba suavizada a tiroteos en saloones y calles polvorientas del far west entre buenos y malos.

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Y ese mismo verano, había acabado de devorar también la obra literaria de Stephen King, que había marcado mi adolescencia (y marcaría mi vida posterior también) a fuego. Había comenzado novelas de John Grisham, pero no me convencían. Stephen King había dejado un vacío que había que llenar de alguna forma. Así que, ese mes de julio del 2000, empecé a curiosear en las enormes estanterías literarias de mi padre. Y decidí que empezaría a leer el primer libro de la fila más baja del primer estante. Era una edición doble de Mario Puzo: EL PADRINO y LA MAMMA en la misma edición. Así que empecé a leer EL PADRINO por casualidad. Dos días después había finiquitado el libro, y me había acercado al mercado a comprar la película. No pude apartar la vista de las letras escritas por Puzo, y el impacto que me provocó el film de Francis Ford Coppola con 14 años, me hizo llegar a una conclusión: que difícilmente me volvería a dejar llevar por el criterio cinematográfico de mis tías abuelas.

Mucho se ha escrito sobre El Padrino. Quizá no tenga nada nuevo que contar. Pero voy a dar mi análisis del mismo de la manera más personal que conozco. Con mi propio criterio. El Padrino es un fresco, una epopeya sin parangón en la historia del cine, una epopeya urbana narrada a través de una familia mafiosa de orígenes sicilianos, que nos habla sobre la condición humana como pocos films lo habían hecho en la historia del cine. El inicio y el final de El Padrino son de una maestría al alcance de muy pocos.

· Inicio: “Creo en América. América hizo mi fortuna”. Con esta frase del funerario Amerigo Buonasera en negro da inicio el film. La cámara, dirigida por Coppola, nos muestra un primer plano de este empresario de pompas fúnebres originario de Sicilia, alejándose de él, agrandando un plano interior en penumbra, como si fuera una cueva, mientras nos relata la historia de su hija, a la que dio una educación americana, y que fue violada por unos chicos americanos, puestos en libertad tras el juicio. A medida que Buonasera deja de creer en América y en su sistema de valores, va entrando en plano el escorzo de Vito Corleone (Marlon Brando), representante de otro sistema de valores alternativo, y jefe de la familia Corleone, que forma una microsociedad propia al margen de la ley. Buonasera acaba con un lapidario: “la justicia nos la hará Don Corleone”.

La acción se enmarca dentro de los festejos por la boda de la hija del Don, Connie Corleone (Talia Shire). En esta primera media hora de film, enmarcado en la citada boda, Coppola nos irá introduciendo en la densidad de los numerosos miembros de la familia, sus consiglieri, sus esbirros y su sistema de valores. Esboza un primer bosquejo en la que la forma de ser de cada uno, de cómo funciona ese microcosmos social que es una familia del hampa, queda extraordinariamente dibujado desde el inicio, con la presentación de todos los personajes, sus manías, su diversidad de caracteres y sus grandezas y miserias: la honorabilidad de Vito Corleone y su filosofía del favor por favor, de los negocios de la familia y de sus ofertas que nadie podrá rechazar; el raciocinio de Michael Corleone (Al Pacino); la impulsividad y el carácter indomable de Sonny Corleone (James Caan); la destreza del hijo adoptado de Don Vito, Tom Hagen (Robert Duvall), nombrado consigliere de la familia; la marginalidad que sufren las mujeres de la familia en los negocios de la misma; la debilidad y fragilidad de Fredo Corleone (John Cazale); los esbirros, leales como Pete Clemenza (Richard Castellano) y traidores como Salvatore Tessio (Abe Vigoda).

·Final: El final de El Padrino nos trae la que seguramente sea la utilización más magistral jamás realizada en un film del montaje paralelo. Se superponen las escenas del bautizo del ahijado del nuevo Don, Michael con las escenas de violencia del ajuste de cuentas de la familia Corleone con todos sus rivales, mientras el único sonido que escuchamos es la música eclesiástica y los discursos del sacerdote encargado del bautismo, mientras Michael responde a sus preguntas de si cree en Dios, en la Iglesia Católica y si renuncia al Diablo y a todas sus seducciones. Todo un simbolismo de una exorcización de la violencia interna que porta Michael Corleone, y que sale a sangre y fuego en ese final, que provoca una emoción incontestable en el espectador ante lo que está viendo. Si estamos de acuerdo con la teoría del cine de que el séptimo arte es motion-emotion, esto es, una emoción provocada por el movimiento de las imágenes, no cabe duda de que el clímax de El Padrino es un ejemplo perfecto para esa tesis. Simplemente magistral.

Dicen de este film, que nunca los actores estuvieron mejor. Probablemente sea cierto. Y en el caso de Marlon Brando decir esto, quizá sea decir mucho; pero ahí queda para la inmortalidad su interpretación de un jefe mafioso, al que interpretó como si fuera un bulldog. James Caan nunca tuvo opción de lucirse nunca más en su carrera como lo hizo interpretando a Sonny Corleone; la escena de su muerte acribillado a balazos en un peaje de la autopista, mientras se dirige impetuosamente a castigar a su cuñado por pegar a su hermana, es simplemente, maravillosa. Pero, probablemente, el caso más paradigmático de esto que se dice de los actores, quede demostrado en Al Pacino, actor habitualmente de una intensidad, histrionismo y descontrol que queda comedido en El Padrino con una frialdad tal, que sus expresiones gélidas provocan el terror de tener a un émulo del mismísimo diablo ante nosotros.

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La música de Nino Rotta, como muy bien escribió Pablo Gil, es una mezcla perfecta entre nostalgia (planos musicales que suceden en Sicilia, y que probablemente fueron la inspiración para realizar El Padrino II, la historia infantil de Vito Corleone) y marcha fúnebre (tema principal). Los temas musicales principales acompañan perfectamente a la ilumincación creada por Gordon Willis (fúnebre-penumbras, asociado a los oscuros negocios de los Corleone; nostálgico-terrosa, asociado a la sícula tierra de la que son originarios).

Es una lástima que a día de hoy un director con un talento monstruoso como Coppola, que seguramente fue el destructor del cine llamado clásico y del sistema de estudios imperante en Hollywood, haya malgastado los últimos 25 años de su vida, realizando subproductos que nada tienen que ver con el parangón artístico del que es capaz.

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Sobre la mítica de este film hay poco que decir. Es la número 1 en media en la red social Filmaffinity con un 9,2 de media, de más de 120.000 votos; para pesar de mi compañera sentimental que es de Sicilia, ha creado un mito asociando la isla a este film de manera indisoluble, y es un film del que uno podría hablar durante horas. Incluso yo, ligado de manera familiar a la isla italiana, me puse pesado con mi familia política hasta no ver realizado mi sueño de visitar el pequeño pueblo de Corleone. Les hice ver que para un cinéfilo como yo, visitar Corleone representaba en importancia lo que para un cristiano visitar Jerusalén o para un musulmán visitar La Meca.

Para terminar, decir que uno de los comentarios sobre El Padrino que más me han marcado, vino dado por un historiador al que tuve oportunidad de escuchar en una charla sobre Dioses y mitología griega. Y es que no me esperaba que en aquel meeting, surgiese El Padrino, y que lo hiciese además con un comentario tan rico. Aquel historiador dijo del film de Coppola, que no era más que un remake de las luchas de los Dioses griegos en el Olimpo. Y es que aquel hombre dio en el clavo, puesto que toda la filmografía de Coppola está vehiculada a través de un discurso sobre las luchas por el poder y contra el status quo. Una trasposición de lo que el mismo Coppola vivió cuando luchó contra el sistema de estudios a mediados y finales de la década de los 60.