ETA ha anunciado en el día de hoy su disolución tras 60 años de lucha armada en pos de la independencia de Euskal Herria de los Estados español y francés. 60 años después de comenzar la lucha de la independencia por medios militares, ETA ha decidido “disolverse en el pueblo vasco, tras haber surgido del pueblo vasco”. 60 años después de haberse fundado ETA, Euskal Herria sigue siendo una nación que busca la creación de un Estado propio. La banda se disuelve sin haber conseguido ninguno de sus objetivos: ni la independencia del territorio vasco; ni la organización Estatal propia bajo los parámetros Marxistas.

Las causas para el nacimiento y la disolución de ETA son tan contrapuestas como los propios contextos históricos en los que se han forjado. En 1958, año de la fundación de la banda, España vivía bajo la Dictadura Franquista, y las naciones existentes dentro del Estado Español se las veían y se las deseaban no sólo para ver reconocidos su status como entidades especiales o diferentes, si no que vivían bajo la represión más cruda, emblema de todos los sistemas autoritarios de características fascistas.

eta_4_1

Euskadi Ta Askatasuna surgió en un contexto propicio para ganar apoyos para la causa. Eran los años en los que el mundo se dividía radicalmente en dos bloques: el capitalista y el comunista, con sus dos grandes superpotencias (EEUU y URSS) dirigiendo el timón de sus respectivos bandos. ETA suponía un grupo de resistencia dentro del hemisferio Occidental, entendido de resistencia como organización contraria al status quo imperante en su territorio. Las posibles simpatías que un grupo como este podía suscitar dentro del bloque socialista y dentro de los demás grupos de resistencia (fuese política, militar, social o civil) existentes en el bloque capitalista no fueron lo suficientemente potentes como para contrarrestar las armas propagandísticas y de coerción del Estado que consiguió con el paso de los años primero radicar el conflicto en una escala nacional, evitando la injerencia de agentes externos en una posible resolución favorable a los intereses de ETA ; luego, ganar tiempo con vistas a desgastar a la organización a sabiendas que el tiempo corría en su contra; y , finalmente, aprovechar la ventaja estratégica que da el poseer los mecanismos legales, propagandísticos y de coerción con los que no contaba ETA para bloquear una guerra que con la llegada de la Democracia (si podemos llamarla así) comenzó a jugar en contra de los intereses de la banda.

image_content_7928455_20180309125615.png

ETA fue también un organismo que nació con particularidades morfológicas características de su tiempo. Como bien comentó el compañero libertario Félix Rodrigo Mora en un artículo que me envió sobre Euskal Herria y una estrategia para su organización social autogestionada y horizontal, ETA reprodujo dentro de su estructura el esquema del llamado Ejército de Liberación Nacional de Argelia, que después de 8 años de conflicto salió victorioso en sus objetivos políticos de independencia. El mayor contratiempo para ETA era que el mundo no estaba preparado para otorgar el status de colonia a Euskal Herria, por la sencilla razón de que para las élites intelectuales y políticas de Europa no podía haber territorios colonizados dentro del más avanzado, libre (con permiso de Estados Unidos) y vanguardista de los continentes: Europa. Posiblemente, éste fue el punto donde más ha fallado ETA a la hora de llevar a cabo sus objetivos estratégicos. En querer ser Argelia u otros territorios colonizados dentro de Europa.

La llegada de la Transición Democrática a España dejó a ETA como un elemento aún más aislado y a contracorriente dentro del Estado y del nuevo marco político de la Unión Europea al que España se unió en 1986. Las nuevas vías políticas abiertas para intentar conseguir los objetivos de la independencia del territorio vasco, aunque sean éstas más bien de carácter gestual, y la llegada de nuevas generaciones que no habían vivido la represión franquista, a lo que, por qué no, podríamos añadir los errores de la banda a la hora de ejecutar sus acciones (sea por la manera de llevarlas a cabo, sea por los objetivos elegidos), fueron desgastando progresiva pero inflexiblemente a la organización, y alejándola del cuerpo “del que había nacido: el pueblo vasco”.

0000900951.jpg

Y así hemos llegado a su disolución en el día de hoy. Casi una década después del anuncio del alto el fuego permanente en septiembre de 2010 y del cese definitivo de su lucha armada en 2011, ha llegado la disolución de la banda. La nueva estrategia política que estableció la izquierda abertzale, cuando Arnaldo Otegi entró en trance y vió la luz mientras pasaba por París, fue el preámbulo del proceso que podemos decir se ha finiquitado en el día de hoy. El que una vez fuera uno de los extremos zurdos más incipientes de la política (Otegi), decidió en esta década que ya estaba bien de jugar a corazón abierto, y decidió que la mejor manera de conseguir resultados en el campo político es jugar por el centro, ligeramente escorados a la izquierda, en tal caso: esto que he escrito no deja de ser un eufemismo que tiene su traducción en la socialdemocracia más chabacana.

¿Y qué sigue para el pueblo vasco? Ojalá pudiéramos decir que el objetivo sigue siendo romper el Estado, pero no para crear otro Estado. A fin de cuentas, cambiar los elementos represivos y las Fuerzas de Seguridad y demás elementos burocráticos de un Estado que apesta a corrupción, y donde el cinismo para con sus élites es cada día más la nota predominante, por otros que la historia muestra que serán más o menos similares, no debería ser motivo de satisfacción. No deberíamos confundir ser patriotas con ser nacionalistas. La patria a fin de cuentas no deja de ser el territorio al que cada uno pertenecemos; patria viene del latín patris , ni más ni menos que la casa o la tierra del padre. Sin querer apropiarme de un término que puede ofender a sectores feministas, la patria es el lugar que, por una serie de características comunes de quienes la habitan, sean estas culturales, idiomáticas y/o tradicionales, promueve el sentimiento de pertenencia en el sujeto. El nacionalismo es el parangón político de lo que la religión es para el espíritu, de lo que las jerarquías son para la productividad laboral o de lo que el estamento militar es para el orden social: mecanismos de dominación del individuo y alienación y apropiación de su capacidad discursiva e intelectual.

Desgraciadamente, empero, ese camino hacia la horizontalidad y la autogestión de los trabajadores, hacia el hermanamiento de la clase obrera vasca y de la solidaridad mutua de los Aitorren semeak queda aún lejana en el camino. Con ETA o sin ella.