IMG_2067.JPG¿Qué se puede ser hoy día más que anarquista?

Lucio Urtubia

Es curiosa la transformación ideológica paralela que he experimentado durante mi vida con la que experimentó Lucio Urtubia (Cascante, 1931) en la suya. Y es que como bien recuerda Lucio, él era comunista, hasta que tras verle discutir apasionadamente con sus camaradas rojos en una asamblea, un grupo clandestino libertario que actuaba en Francia le dijo: “Tú no eres comunista; tú eres anarquista”. Igual que Lucio, durante gran parte de mi vida viví engañado, y durante muchos años hubiera dado como él, la mano entera para ayudar al régimen cubano de Fidel Castro. Hasta que yo también me di cuenta de que Fidel era uno más. A su muerte, el valor de su herencia asciende a 900 millones de dólares. Aunque estas cifras fueran propaganda barata y estuvieran equivocadas en un 90%, a Fidel aún le quedarían 80 millones de la verde moneda en el banco, mucho más de lo que veremos un 99% de la población mundial en el resto de nuestras vidas.  

Al igual que Lucio, yo también tuve oportunidades para militar activamente en partidos políticos. Gente de IU y de la izquierda abertzale ya convertido en Bildu se me  acercaron en algún momento durante 2010-2011 para ofrecerme participar en asambleas. Entonces ya rechacé ambas iniciativas, instintivamente. No quería votar lo que me dijese el partido a la hora de tomar decisiones (disciplina de partido lo llaman, como si fuera una dinámica castrense-militar). Siempre hubo algo de mí que rechazaba la uniformidad de las masas, la incapacidad de decidir uno mismo, la imposición de la mayoría. Y es que las mayorías son como las mareas: depende si el viento sopla del norte o del sur, cambian. Los medios de comunicación son especialistas en crear mayorías, moldeando opiniones públicas, creando corrientes de opinión execrables desde el punto de vista moral, padres de lo reaccionario, de la verdad absoluta y del miedo.

Fue en Londres, donde ya llevo radicado casi cinco años, donde descubrí el anarquismo. No fue de la noche a la mañana, si no un proceso gradual que culminó hace bastante tiempo. El espacio y el tiempo que me ha tocado vivir ha ayudado al proceso, ha engrasado mi maquinaria intelectual para la transformación desde el socialismo desde dentro del sistema al antisistemismo más radical. Y es que sabiendo cómo  funciona el mundo, uno no puede ser otra cosa más que anarquista.

¿Por qué? Por una cuestión histórica. Porque no ha habido un gobierno decente jamás en la historia. Porque no ha habido un gobernante que no haya sido corrupto en el devenir de los tiempos. Porque no ha habido un gobierno jamás, que no haya reprimido, violado y empobrecido a la población.

Porque los anarquistas somos considerados terroristas por la opinión pública. Alborotadores, violentos, siempre dispuestos a la lucha armada. Curiosamente, somos el único movimiento que aboga por una hermandad mundial de los seres humanos y somos los únicos que abogamos por una eliminación de los aparatos represivos y violentos de los estados, llámese policía o ejército y el servicio militar. Porque somos antimilitaristas.

Porque el anarquismo es el gran desconocido de la sociedad. Una sociedad de masas cuyas mentes han sido moldeadas para apoyar fronteras, para odios machistas y racistas y para competir laboralmente con el compañero y no con el jefe. Para convertirse en perros con cadenas, felices cada  vez que  el amo los saca a cagar y a mear a la calle. Orgullosos de pertenecer a un sistema alienante, que constantemente les lleva a desear más materialmente mientras poseen menos moralmente, y viven anclados en la infelicidad de lo que no pueden conseguir.

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Porque el Estado ha planificado brillantemente esta paradoja de ser apoyado por los oprimidos a los que oprime. ¿Cómo lleva a cabo el Estado está brillante manipulación para ser defendido por quienes defenestra y explota, aliena y empobrece? Déjenme citar aquí a Bertrand de Jouvenel: “ (…) Mientras que ahora todos son pretendientes, y nadie tiene interés en disminuir una posición a la cual se espera acceder algún día, ni paralizar una máquina que cuando llegue el momento, le tocará manejar”. 

Porque la conflictivad laboral es inevitable. Uno siempre va a acabar peleando con los jefes. Porque profesionalmente somos medios de producción, y así seremos tratados, sin humanidad. Al jefe no le importa el factor humano, si es necesario trabajar 16 horas, habrá que hacerlo y si mañana no hay trabajo, te vas a casa. Y como se cobra por horas, el trabajador vive constantemente angustiado, sea por el exceso de ellas, sea por la falta de ellas.

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Porque la propaganda que ilumina nuestras mentes por parte de nuestros gobiernos es abominable.  El último ejemplo de ello, lo podemos encontrar con el ascenso de Podemos en España. Un trabajo de marketing político que en nada es desdeñable comparar por teoría y práctica para la manipulación de masas con la ascensión de los nazis al poder en Alemania en los años 30. Ya sé que los podemitas son muy susceptibles con lo que se dice de ellos, pero faltas de autoestima aparte, el imparable ascenso del partido y el comportamiento de muchos seguidores en redes sociales (que es la tierra sagrada de la formación morada) incita a pensar  profundamente en ello. No digo que sean nazis, sólo que hay analogías innegables en la forma de usar la propaganda y la manipulación política, falseando la historia contemporánea de España a su manera, para apropiarse de la maquinaria estatal de poder. Un ejemplo de esto que digo es que por arte de magia, parece que sólo el PP ha sido un partido corrupto. Seguramente esto es así porque Podemos piensa que para gobernar necesitará alianzas de otros partidos como el PSOE, conocido por su terrorismo de Estado y sus casos de corrupción, uno de los más famosos el de Luis Roldán por ejemplo. Esta falsificación y manipulación de la historia viene acompañada del fanatismo de muchos de sus seguidores. Por ejemplo, en una discusión que tuve en redes sociales con un votante del partido al que no conozco, este me llamó “hater” mientras acaloradamente decía “odio eterno a los haters”. Aparte de su rico uso léxico-lingüístico que lo equipara con niños de 5 años, lo grave del asunto es el culto al líder que tienen estas personas completamente alienadas y engañadas, hasta el punto que esta misma persona insinuó que al insultar a los líderes de Podemos lo estaba insultando a él. Desde luego, que estas discusiones que pueden parecer estúpidas porque no llevan a ninguna parte, son más ricas como investigaciones sociológicas que cualquier discurso de Pablo Iglesias: uno entiende hasta qué punto ha triunfado la propaganda política de este partido de arrivistas sin escrúpulos; al más puro estilo de cualquier régimen totalitario.

Porque los anarquistas somos considerados (despreciativamente) como utópicos. El concepto utopos significa sociedad ideal. No nos engañemos. La sociedad ideal no existe. La sociedad más ideal requiere seres humanos solidarios, autoorganizados y autoresponsables. Y eso será imposible mientras seamos educados para obedecer sin pensar y para vivir sin cuestionar. El problema de todo radica en que somos tildados de utópicos porque, dicen, el anarquismo no puede triunfar. Es una bonita idea, pero sin capacidad real. La historia demuestra que ha habido casos de organización autogestionaria a lo largo de la historia. Baste citar a la ciudad de Barcelona y varias regiones de Aragón durante la guerra civil. Baste citar la Comuna de París… en todas ellas el pueblo fue reprimido con la violencia del Estado. En el caso de España, la cacareada República prefirió al fascismo que al pueblo. Y hablando de utopías, ¿no demuestra la historia que todos los regímenes, sean democracias, dictaduras, imperios, sistemas capitalistas, socialistas etc. acaban? ¿No son utópicos también, pues, estos sistemas condenados a no perdurar en el tiempo?

Porque somos la única ideología en el nombre de la cual jamás se han cometido matanzas. Es más, somos la única ideología perseguida por cualquier tipo de régimen político.

Porque apoyamos las relaciones humanas y la destecnologización de la sociedad. Porque este mundo al ritmo que va, será destruido. Y más vale ser utópico, que ser ciudadano distópico. Incluso los coches eléctricos que apoyan partidos ecologistas y socialdemócratas son fabricados con zinc altamente contaminante y materia finita, cuya extracción requiere de muchas cantidades al día.

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Porque creemos en el ser humano y no creemos en él. Porque el ser humano es humano por lo que crea, y no lo es por lo que destruye de humanidad en el mundo.

Porque la anarquía es más una filosofía de vida que una ideología. Es más un camino para dignificarse individualmente en la vida de cada uno. Cada cual con sus circunstancias, con su manera de ser. Porque jamás seremos una masa uniforme.

Porque un mundo mejor es posible.

Porque ya lo decía John Lennon: Imagine…

Porque no hay noche sin día ni libertad sin anarquía.  Por todo esto somos. Y seremos.